En la mítica esquina de Riobamba y Corrientes, el pulso de Buenos Aires late a ritmo de 2×4. Allí se encuentra El Beso, un espacio que bajo la dirección de Rubén Vieyra se ha consolidado como una verdadera «usina de tango».
En una reciente entrevista para Copes Tango Show, Rubén nos abrió las puertas de su casa —que hoy luce más renovada y hermosa que nunca— para contarnos cómo este rincón porteño se convirtió en su pasión y en un refugio ininterrumpido para los milongueros.
De Viajero por el Mundo a Milonguero de Ley
La historia de Rubén con el tango no empezó en un barrio periférico, sino en el exterior. Según le confesó a Johana, la chispa se encendió por una mezcla de orgullo y vergüenza:
«Viajando por el mundo, veía que los españoles bailaban pasodoble y los italianos tarantela. Pero los argentinos no bailábamos tango. Me dio vergüenza. Volví, tomé clases y la primera vez que bailé un tango completo, dejé de ser un ciudadano de la capital para ser un porteño y un bailarín.»
Rubén pertenece a una «nueva generación» de milongueros que se formó con grandes maestros como Aurora Lubiz y Jorge Firpo a partir de 2004, y desde entonces no ha dejado de apostar por el crecimiento del género.
Una Usina que No Descansa
Lo que hace único a El Beso es su actividad frenética. Es uno de los pocos lugares en el mundo donde se puede vivir el tango en cualquier momento del día:
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Planta Baja: Una vidriera abierta a la ciudad donde hay clases todos los días. Es común ver a la gente esperando el colectivo en la parada de la puerta, tentada por el baile que se ve desde la calle.
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Doble Milonga: Rubén destaca con orgullo que El Beso ofrece milonga todas las tardes y todas las noches, creando un ecosistema donde los alumnos de las clases de la tarde terminan quedándose a practicar lo aprendido en la pista.
Un Espacio de Encuentro
Para Rubén, El Beso es más que un salón; es un lugar de pertenencia. Desde la renovación de sus instalaciones hasta la calidez de su recepción, todo está pensado para que el que entra se sienta parte de esa gran familia que defiende el abrazo.
Como dice Rubén: «Vení a conocer este espacio y todas sus opciones para vivir el tango». La invitación está hecha en Riobamba 416.